In Memoriam Enrique Low Murtra

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Tal vez aquellos que han estado cerca de la muerte, aprecian más la vida. Se aferran menos a los aspectos materiales, sabiendo que son efimeros, y viven más plenamente cada instante. No le temen tanto a las dificultades, sino que las aceptan integralmente, haciendo que estas enriquezcan sus experiencias. Así vivió Enrique Low Murtra.

Desde la infancia, mi padre tuvo una vida marcada de rupturas violentas, que en vez de debilitarlo le abrieron las puertas a una fe ferviente en Dios y en la trascendencia del ser humano. La ruptura final, su asesinato, fue la última revelación corporal de la esencia inquebrantable de su alma.

Su ausencia material es, ante los que lo quisimos, como una rosa sobrenatural, color de sangre, que perfuma nuestras vidas con su amor del más allá, de profundidades incomprensibles.

Su muerte remueve lo más intimo de nuestros corazones, nos llena de una tristeza intensa pero luminosa como el alma de Enrique, y nos abre la conciencia a ese lugar crepuscular del espiritu donde Dios viene a tocar al hombre.

El cuerpo de Enrique Low está inerte, pero su presencia sigue no sólo dentro de nosotros, sino exteriormente, en la vida cotidiana, donde nos acompaña como un ángel risueño.

Hay mucho que recordar de Enrique Low Murtra, su personalidad, sus actos, sus escritos, su carrera, su catedra y su destino sellaban todo lo que hacia, dejando un alo imborrable de integridad, inteligencia, sensibilidad y fortaleza espiritual.

El fin de este relato es dejar plasmado un retrato suyo, no enfocado a su extensa carrera y aportes al país, sino hacia su ser interior, hacia el hombre integral. A la manera de Rembrandt, el destino de mi padre fue de clarosocuros, acompañado de una inmensa sensibilidad.

AMALIA LOW NAKAYAMA