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La vida no termina, se transforma - Homenaje de recordación

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La vida no termina, se transforma 

El área de Psicología de la Dirección de Bienestar Universitario y la Coordinación de Pastoral de la Dirección de Vida Universitaria realizaron durante la primera semana de noviembre la actividad presencial La vida no termina… se transforma como una forma de acompañamiento a la comunidad universitaria.

Esta actividad realizada en las tres sedes de la Universidad tuvo como objetivo que aquellas personas que tuvieron pérdidas familiares durante este tiempo de pandemia pudieran hacer una recordación de su ser querido y a la vez realizaran un homenaje a su vida y sus enseñanzas.

Los asistentes vivieron tres momentos planteados en esta actividad que se apoyaron con un kit para cada participante integrado por varios elementos clave para cada uno de estos: guía de recordación y superación del duelo con algunas frases, canciones, películas, actividades y preguntas, una vela, una semilla, una hoja seca y una mariposa de papel.

El primer momento fue de interiorización. Se destinó a reconocer y vivir las diferentes emociones que pudieran haber sido reprimidas, así como de aceptar cuál fue la emoción predominante en esta situación. En seguida, como ejercicio de recordación del ser querido fue necesario realizar un acto de perdón tanto para sí mismo como para la persona que partió; y de esa manera pasar por el corazón o recordar sanamente todos los bellos momentos que juntos vivieron, y al mismo tiempo depurar un poco aquellos amargos recuerdos que pudieran impedir la despedida de una manera tranquila.

Este ejercicio simbólico de sanación dio paso a la siguiente actividad que fue la de escribir en las alas de una mariposa el legado, las palabras y las cualidades de esa persona especial para luego pegarla en una planta ficus, como árbol de la memoria, el cual quedó en las iglesias de cada sede para que las personas que así lo deseen hagan este mismo ejercicio.

En seguida, se propuso el segundo momento, que estuvo destinado a la travesía, y para ello se reflexionó sobre la toma de conciencia de la vida que se lleva después de la partida del ser querido. En ese momento, encender la pequeña vela que hacía parte del kit, ayudó a ver de una manera más clara cómo encontrar a la persona que partió de nuevo, no solo en el corazón, sino como reflejo de sus acciones perdurables en la vida diaria.

Finalmente, la tercera etapa fue de transformación y liberación. Se propuso la siembra de la semilla, equiparando el enterrarla con el nacimiento de algo nuevo, para simbolizar el paso de la muerte a una nueva vida. Este momento reunió a la comunidad en torno a un último acto simbólico en el que se escribieron en varios globos los nombres de las personas fallecidas y se liberaron con un gran aplauso que llevó todo el sentimiento de gratitud por esos seres tan especiales que hoy nos acompañan, pero de una forma diferente.


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